Buenos días.
Me interesa discutir teóricamente de qué se trata este concepto de política regional. Ese es el objetivo primero de mi presentación y espero que de esta semana, porque no existe en Chile tradición de política regional que no sea una bajada o un recorte de decisiones de otro tipo que, al final, lo de regional que tienen es que se asientan en el territorio del que se esté tratando.
Yo quiero poner en contexto que siento respaldo político, técnico y conceptual en dos líneas. Una es nuestro Programa de Gobierno y la manera en que esta gestión de la Subsecretaría de Desarrollo Regional lo tradujo. Nosotros vinimos con una carta de navegación, vinimos con un propósito y ese propósito cuaja con este concepto de política regional.
La tercera división, podría decir, es el lugar donde esto encarna. Esta es una información que probablemente uds. no conozcan y es super importante para nosotros: a mí me toca participar en el Comité de Desarrollo Territorial de la OCDE, en el cual no tenemos requisito como país, o sea no tenemos que dar examen de nuestras estadísticas, de nuestras políticas ambientales, etc., no es mandante ni obligatorio. Yo estoy ahí porque pedí asistir, no va a ir en la acreditación de Chile en el proceso. Sin embargo ha sido un espacio de discusión, de debate, de trabajo y de intercambio de ideas notable, porque es una calidad de discusión con mis pares, gente que está implementando y tiene toda esta experiencia en los países desarrollados del mundo, lo que constituye una especie de maletín con instrumentos e información para nuestra gestión acá. Porque a veces uno se siente muy sola y siente que es obsesión, pasión, voluntarismo y no sabe si acaso las cosas que cree son efectivamente así o es porque uno quiere ver el mundo así.
La metodología de trabajo con que funciona la OCDE es mediante estudios territoriales (Territorial Reviews) por país. Hay uno nacional, uno rural y otro de ciudades. Iniciamos nuestra participación haciendo el Territorial Review de Chile. Yo tengo en mi poder el borrador, que lo vamos a usar como un instrumento de debate y de política pública, para agitar un poco la cosa, a nivel político y a nivel técnico. Estas dos palabras, estos dos ámbitos de acción van a estar presentes siempre en la gestión que hagamos, porque nosotros hablamos de política pública y por lo tanto actuamos en un clivage político, pero el mandato nuestro es de una capacidad técnica impecable, ese es el desafío, y se los digo por experiencia, no se resuelve fácil ni de manera evidente.
Bueno, mi propósito es hacer una introducción y quisiera señalar cuál es la trayectoria, en qué momento estamos, desde dónde partimos para estar acá. Porque así como las regiones se crearon por una decisión geopolítica-administrativa, la Concertación se sumó al proceso de descentralización y decidió prestarle ropa política y prioridad política por una decisión "forzosa". Ni las regiones ni la descentralización regional ni el desarrollo regional territorial son una vocación de Chile y de su clase política.
El 92, cuando se discute la democratización de los municipios, que para la Concertación eran tan importantes, la moneda de cambio fue `pero también democraticemos los gobiernos regionales' y ahí nace la Ley de los Gobiernos Regionales. Esta es información que yo he recabado como consultora en conversaciones con Gonzalo Martner, el subsecretario de la época. Y la Ley de Gobiernos Regionales es del año 93. Así partimos, para bien o para mal, con un acto político de prioridad o foco un poco raro.
En el año 95 tuvimos las primeras plantas regionales, también raro, porque fueron nominadas, desplazadas de los servicios públicos en los que estaban y agoreros, entre otros yo misma, dijimos `esto no va a andar', porque con qué compromiso y camiseta van a participar estas personas. Los mismos agoreros que dijimos `regiones dibujadas en el mapa tampoco' y que no obstante, si uno mira hoy día, ve regiones que existen, camisetas puestas, ganas de ser región. Porque la fuerza de lo social se impuso o quizás la fuerza de tener ese maravilloso y también complejo instrumento que es el FNDR.
Habiendo FNDR habían regiones, había plata, había intención de adjudicar esos recursos, porque la política regional hasta ahora -aquí nuevamente después me recuerdan no haber dicho esto- digamos hasta hace 5 años, para no ser tan taxativa y no arrogar además a este gobierno todos los cambios, porque no es justo, ha sido adjudicar el FNDR, hacer proyectos de inversión regional. No ha sido pensar la política regional ni construir región.
No significa que haya importante gente que lo haya querido hacer, tanto desde el ámbito académico por ejemplo, porque yo nunca doy una charla sin citar a Sergio Boissier con "La construcción social de la región", a actores como el intendente Tohá en la Región del Bío-Bío en la gestión anterior, y podría nombrar más, por cierto, pero en la práctica, lo que teníamos era un FNDR y un mecanismo, la División de Análisis y Control, estructurado para el FNDR, para bien y para mal.
Entonces nosotros nos encontramos en marzo del 2006 con esta trayectoria. Obviamente, hubo aumento de recursos, innovación en los programas, se inventaron los convenios de programación, que tuvieron auge en la época de Frei y se cayeron en la de Lagos, pero vuelven a ser importantes en la agenda nuestra ahora.
Todos ustedes saben lo que son los convenios de programación, que apalancan recursos sectoriales y regionales y tienen bondades, porque permiten pensar un desarrollo estratégico plurianual. Tiene que ser una materia de la División de Planificación de la región y en esta vuelta no lo fue, por un problema de coexistencia en el tiempo, no existían aún las terceras divisiones, no tenían capacidades y el Ministerio de Obras Públicas, con el gran Eduardo Bitrán a la cabeza, pasó como una aplanadora, lo digo muy cariñosamente, con mucho respeto por las regiones, pero con una agenda más clara que-no-sé-qué en la cabeza. Él dialogó, conversó, viajó, se reunió con medio mundo, para hacer lo que quería hacer, lo que él entendía que era la infraestructura para la competitividad en Chile y con ellos cerró convenios de programación, tres promedio al año, que concentran importantes recursos regionales. Es un gran instrumento, no lo estoy criticando, solo estoy mostrando que todo tiene su lado B.
Entonces, en ese momento (marzo 2006 hasta ahora) con qué nos encontramos. Yo diría con tres cosas: nos encontramos, por la fuerza de las cosas, por la potencia de lo social, por lo que sea o porque es políticamente correcto, con un discurso descentralizador y regionalista. Los parlamentarios además son de regiones, por definición, lo que no necesariamente se expresa a la hora de votar, para nada.
Pero el descentralizar o fortalecer a las regiones tiene dos argumentos fuertes: un argumento democrático, no en sentido de consolidación democrática sino en sentido de distribuir el poder, en un sentido bien profundo de lo democrático, de que el poder no esté en un grupo pequeño, santiaguino, ubicado en la Plaza de la Constitución. No es porque nuestras instituciones fallen o porque lo hagamos mal, ni siquiera porque los consejeros sean elegidos de manera rara, es porque nosotros queremos distribuir el poder, que participen más personas en la toma de decisiones gravitante. Eso es una parte del ADN de la Concertación y un caballito de batalla que comenzó a rodar por fin, porque a mí me parece sustantivo, que tiene que ver con el desarrollo. Este país alcanza mayor desarrollo si tiene más desarrollo regional, pero no porque los emprendimientos se hagan en las regiones, esa es una tautología permanente, siempre es regional, siempre es territorial. No, porque se tomen decisiones pertinentes y se activen actores que a lo mejor estarían pasivos, o se busquen soluciones, instrumentos, cursos de acción que a lo mejor no se habrían activado si no existiera esa impronta regional. Ese espacio para poder hacer y saber para donde uno quiere ir, que sea regional. Ese es, diría yo, el valor agregado, la nota distinta, la suma o la impronta de lo que estamos queriendo construir ahora.
Esto no es sencillo, a la hora de decirlo es sencillo, suena bien, mas si uno escarba se va a encontrar con no pocas contradicciones. Una que ha aparecido mucho entre nosotros a la hora de tomar decisiones es qué la lleva cuando hablamos de descentralización, ¿la lleva la descentralización política-administrativa-jurídica-institucional?, ¿o la lleva la descentralización que en verdad se pone al servicio del desarrollo? Yo les dejo hecha la pregunta: ¿para qué queremos descentralización institucional, si no tenemos capacidad de emprender, ni actores regionales, para hablar en idioma de socióloga?, ¿para administrar mejor los recursos?, ¿por qué importa que los FNDR se decidan en la región y no de otra manera?, son proyectos de infraestructura en su mayoría, ¿porque hay una decisión política con autonomía propia de la región o porque esos proyectos están al servicio de una posibilidad de bienestar, calidad de vida, desarrollo, etc., propiamente regional?, ¿o las dos anteriores?.
Esto es super importante y es parte de la agenda de hoy de nosotros, porque en el fondo, si nos conformamos con lo político-jurídico-institucional vamos a tener una descentralización sin carne y este país tiene un chip que se activa fácil a lo normativo y a lo institucional y se le olvida el proceso social y sin proceso social no hay ese aporte creativo que tendría lo regional. Estoy siendo super taxativa, ustedes me podrían dar muchos ejemplos en que sí, sí hay, probablemente, pero donde está el centro de la apuesta y adonde voy yo, a decir cuál es el sentido de la política regional. ¿Para qué política regional?, para el desarrollo económico-social.
Ahora, no me vayan a malentender, no hay descentralización sin descentralización política. La descentralización es de poder y por eso duele. Y en nuestra tradición y forma de ver las cosas, si no tenemos este diseño político-institucional andando, el lado de acá no funciona o colisiona. Pero si seguimos por la vía estricta de desarrollo institucional y punto, podríamos ver a una tercera generación de chilenos diseñando institucionalidad sin tener vitalidad regional.
No es suficiente, no responde a los desafíos, no responde a las promesas que nosotros mismos hemos hecho. Francia es un país extremadamente centralista y republicano. Guardando todas las diferencias, parecido a nuestra trayectoria institucional, Francia se demoró 20 años, no más, en descentralizar en forma, por la vía de un mecanismo super interesante, parecido a nuestros convenios de programación, que es el contrato o convenio.
Entonces, esa contradicción entre descentralizar para, no en un sentido lineal, pero para el desarrollo económico-social, porque vamos a tener un país con más creatividad, más capacidad de innovación y muchas apuestas institucionales y de instrumentos están hoy día en esta mirada o descentralizar por un sentido democrático-institucional exclusivamente. El sentido de mirar la región y hacer política regional tiene más sentido con sumar estas cosas y con darle fuerza a este sentido más económico-social.
Otra contradicción presente siempre, cuando tomamos decisiones o cuando tengo que ir a defender un proyecto de ley, es que este país funciona con lógica de dicotomía impactante. Yo una vez escribí un paper que se llamaba "Lo regional y lo local, vías paralelas", porque hacía la figura de las líneas de tren, que van juntas, una al lado de la otra pero no se juntan. Se juntan a la hora de los proyectos, porque el concepto de proyecto lo gestionan los alcaldes, las unidades técnicas, que muchas veces son los alcaldes, etc., pero aparte de eso, en la agenda política de Chile, en lo que decimos cuando hablamos de descentralización esos temas no se juntan.
Algunos cuando hablan de descentralización hablan de municipalismo y otros hablan de desarrollo regional. Y uno pudiera pensar, está bien, son distintas preferencias, pero se puede dialogar. No, no se puede dialogar. Cuando un UDI habla de descentralización habla de municipalismo y un UDI no va a va a apoyar la reforma constitucional para la elección directa de consejeros, porque va a desbancar los esfuerzos por una fortaleza regional. Así de duro es en la concreta.
Entonces, cuál es nuestra reflexión como país respecto de cómo queremos descentralizar. Entre otras cosas hemos pensado una ley marco que defina las atribuciones y competencias propias de cada nivel del Estado. A mí me suena bien en mi lógica técnico-profesional, pero es un lío del porte de un buque en términos políticos y legislativos e inabordable hoy por nosotros, pero sería bien sano poder decir legalmente -este país lo requiere además- que son competencias regionales las que tengan que ver con el desarrollo territorial, lo que supera y no es exclusivo a la infraestructura, es más que el FNDR. Y decir que en el nivel local son preferentes los servicios de proximidad e instrumentar para que eso pueda fortalecer el desempeño de ambos actores en lo que les sea propio.
Pero no tenemos condiciones políticas para hacer eso, no creo que tengamos madurez de debate para decir eso tampoco, porque en alguna parte ese diseño significa fortalecer en verdad el gobierno regional, que sea en verdad el nivel intermedio para el municipio y no solo para hablar de proyectos, sino que para discutir temas de desarrollo territorial. Las asociaciones de municipios prácticamente no interactúan con los gobiernos regionales, a no ser por la vía de proyectos. Mucho más interactúan con nosotros y esto es insensato. Estamos hablando de cuestiones estructurales, del modo de hacer institucional y social instalada en los actores. O sea, la ruptura entre lo regional y local es mucho más complicada.
Y en correlato de lo mismo está lo nacional-regional, porque a mí me alucina ver el rol de los SEREMI, porque como en todo orden de cosas, el SEREMI, de cualquiera de las carteras, puede ser nadie o puede ser un actor regional super importante, de depende cómo se asuma, con qué pachorra, con qué convicción, idoneidad, legitimidad, ganas de actuar se entiende a sí mismo y actúa de verdad como un líder en la región. Significa poner al servicio su red (que es Santiago), sus instrumentos (que son sectoriales) para la región. Si esa ecuación se resuelve tenemos un personaje que puede ser muy potente en la construcción de liderazgo, toma de decisiones y de un término que viene más adelante en mi presentación: de "gobernanza" regional.
Mucho depende también -y eso es a favor y en contra de la impronta de cada uno- de los intendentes. Es inevitable en todas las organizaciones, las cabezas influyen enormemente. Lo digo para bien, porque un intendente muy proactivo, que abre juego, que dialoga con su gabinete regional, etc., se le va a notar, son gestiones que se notan.
No quiero hablar de los actuales, así que voy a hablar de Jaime Tohá en el gobierno anterior. La parte en contra es que es bueno construir procesos de gestión que tengan memoria, o sea, generar institucionalidad y lo que generan los cambios de intendente en las regiones es bien dramático. Yo he tratado, en este período, de que no hayan cambios traumáticos, de dialogar con los nuevos intendentes para que traten de conservar a los buenos equipos, no necesariamente -por muy de confianza que sean los cargos de jefes de división- amerita cambios, somos un gobierno de coalición, pero es muy difícil, viene nueva administración y ¡shas!.
Lo nacional no es una amenaza, siempre que haya fuerza regional. Si uno se para con identidad regional en serio, estoy pensando, por ejemplo, en Magallanes. Con reivindicaciones regionales, temáticas regionales y argumentos regionales, con autoría y liderazgo regional, a conseguir que el centro se la juegue, no es amenazante. Pero si uno viene como en una colecta, a pedir, a tratar de recolectar lo que tiene en la política nacional, es fatal.
Vamos al concepto de política regional. No existe les decía, porque yo no conozco ningún cuerpo, para no decir documento, porque no necesariamente tendría que ser un documento (aunque si fueran indicadores de marco lógico diríamos documento) que diga "esta es la política regional". Existen estrategias regionales de desarrollo y programas de gobierno regionales, pero la política regional es una mezcla del Programa de Gobierno con el programa de la Agencia Regional de Desarrollo, en sus áreas definidas como clusters competitivos. Es una interpretación de la región, no un ordenamiento de la inversión, eso es secundario, viene después. Lo primero es una interpretación compartida, que no puede subordinarse a la infraestructura, porque ese es el salto que tenemos que dar. Hasta ahora lo hemos hecho así porque era el instrumento con que contábamos, pues no teníamos ni siquiera un elenco de profesionales pensando en términos territoriales los desafíos del desarrollo de la región. Esa interpretación compartida incluye temas de saneamiento, de medioambiente, de ordenamiento territorial, de coherencia de la política pública y de inversión en infraestructura, como soporte para los esfuerzos de competitividad.
Eso es política regional. Que además contempla (es muy difícil resumir) concertación de actores. No pude ser el resultado de un debate del gobierno regional a puertas cerradas. Tampoco significa que tengan que pasar un año haciendo planificación estratégica con todos los actores, lo que quiero decir es que se ha instalado como una práctica, un modus operandi, un espacio, unos procedimientos, en el cual se está dialogando y pulsando el sentido del desarrollo con los actores, con los medios de comunicación, con los empresarios, con quien corresponda, en el momento que corresponda.
Significa que el sector público (el intendente, el gobierno regional), opera con un sentido de apertura, como esponja, no cerrado, abierto a expresar el sentido del desarrollo de la región. Por eso los intendentes gastan tiempo en conversar con la gente, en recibir gente y si no lo gastan están haciendo mal su pega. Por eso el vínculo con las universidades, con los actores o con los eventos, las fiestas costumbristas, los aniversarios, las ferias agropecuarias, son cruciales del construir región y del espacio donde se expresa la política regional.
Por eso en la Subsecretaría de Desarrollo Regional a partir del 2006 tenemos una línea de trabajo que es identidad. Regiones sin identidad, ni hablar. Y todas tienen identidad, a pesar de haber nacido en el mapa, todas tienen identidad. El tema es hacer de esa identidad un caballito de batalla, como bien lo hicieron las dos regiones nuevas. Las regiones con más identidad en Chile, a mi modo de ver, son Magallanes y las dos nuevas. A las otras les queda tarea pero están en camino. Atacama se la juega.
Y gobernanza. Gobernanza es construir gobierno, estabilidad, paz social y desarrollo, en un contexto de mar abierto, que es un concepto que ha usado la Presidenta. Gobernanza no significa poner en un computador la oferta pública y ordenarla. No es la petición de hoy día de coordinación, como lo fue hace algunos años. No queremos coordinarnos, queremos mover lo que el Estado es capaz de hacer, para dar coherencia de gobierno a lo que hacemos. Es mucho más que coordinarse, porque uno coordina los distintos que tienen un propósito común. Nosotros lo que queremos es tener política regional, que esos distintos estén apuntando para el mismo lado en lo que les corresponde, sin negarse el uno al otro nunca. No significa que es tu propósito o mi propósito, es realmente nuestro propósito.
Gobernanza significa también lidiar con lo político-técnico, conseguir consenso y credibilidad, administrar los conflictos, significa -al mismo tiempo- pelear o combatir, que ceder, negociar, consensuar. Significa no traerle conflictos a La Moneda, y hay regiones donde eso es casi imposible, como la Región del Bío-Bío. Significa construir una plataforma político-técnica-social-cultural que le dé carne a la región y, con toda la heterogeneidad, esté dispuesta a jugarse por la región. La gobernanza refiere al buen gobierno, pero supone que el buen gobierno no es solamente una tarea del ente público.
Quisiera ser explícita de que en el fondo hay una petición de prueba de la blancura, porque es obvio lo que voy a decir, se le pide dar prueba al que se la merece, como nos ha pasado a las mujeres media vida y le pasa a las regiones. Las autoridades regionales tienen que dar prueba de que este voto de confianza del país por ceder poder a la región es una apuesta que vale la pena, es un riesgo en el que es necesario incurrir.
Antes de pasar a los requisitos, quiero recapitular. Cuál es nuestra agenda, que no necesariamente la vamos a poder cumplir en estos 4 años:
En algún momento, al inicio de nuestro proceso, pensamos en traspasar servicios y crear servicios regionales y nos dimos cuenta que eso iba a ser un incordio del porte de una catedral, porque significaba hacer lo que se hizo en dictadura con la educación y la salud: traspasar administrativamente y negar la existencia legal anterior para crear una nueva, todos los servicios públicos que quisiéramos pasar a las regiones, pero nos dio temor y nos quedamos con esta figura. Y si a nosotros nos dio miedo se pueden imaginar lo que podría pasar en el Parlamento. Entonces, vamos buscando lo que es posible, yo soy una descentralizadora convencida, pero uno no saca nada con tirar la vara muy lejos porque no avanza.
Entonces, cuáles son los requisitos para que todo esto funcione:
Primero, idoneidad, calidad profesional y calidad de la propuesta. Y no es trivial. No estoy diciendo algo obvio, queremos que sean muy buenos en lo que hacen, de excelencia, de primera. Y si no tienen las competencias de entrada tienen que pedir apoyo, capacitarse, entrenarse y superarse. La famosa tercera división no tiene dos años, debe tener uno, es un proceso en construcción. Nosotros estamos haciendo lo posible para ofrecer esas capacitaciones, pueden haber cuestiones más concretas que ustedes requieran o que la región requiera, hay que buscarlas, no tenemos para qué apurarnos tanto. O buscar el perfil que falta, quizás entre los cinco primeros o en el diseño original. Fue un diseño estándar dentro de todo, a lo mejor faltan algunas competencias específicas. Si somos buenos, esa es una adquisición específica también dentro de nuestra gestión. Somos un país heterogéneo, tenemos 15 regiones muy distintas, no queremos hacer política uniforme, estándar, y lo mismo en la calidad de la propuesta. Asociado con esto, prestancia y visibilidad. Esto de hacerlo bien y de ser buenos, los mejores en la medida de lo posible, no es en secreto en sus oficinas, es para que se note, para que generen confianza en los que están cerca de ustedes, es para que las propuestas sobre política regional que levanten tengan a priori un juicio favorable por la calidad que está detrás de esas propuestas.
Segundo, las propuestas que tengan que ver con planificación, ordenamiento territorial, desarrollo territorial, deben tener utilidad concreta para la gestión regional, tener cable a tierra, un link con la gestión, con la toma de decisiones, con los instrumentos, pues si no es una sofisticación de intelectuales. Tienen que servir. No puede ser un documento super bueno que lo guarden.
Por ejemplo, el tema sequía en su momento o recursos hídricos más en general. ¿Formar un grupo de trabajo?, ¿un equipo pertinente?, ¿cómo esto influye en la toma de decisiones sobre proyectos?, ¿qué sectores se ven más afectados? Eso no ha existido ahora en las regiones, no hay trabajo temático por áreas relevantes para la región, hay inversión no más. En Aysén, ¿cómo se enfrenta el tema de las hidroeléctricas, cómo se combina la protección medioambiental con los requisitos del desarrollo, saliendo de la respuesta cliché? No necesitamos leer el diario, necesitamos que haya un poquito de valor agregado. ¿Hay un grupo de trabajo, se está conversando con los medioambientalistas?
Tercero, esa presencia y visibilidad implica ocupar el espacio público, político, técnico. Político-técnico, nuevamente esta dualidad. Y en términos regionales por cierto, pero también nacionales, dentro de lo que corresponda a la región. Cuando suceden cosas relevantes en la región o los temas están en la agenda, ustedes tienen que ser capaces de hablarle al país. No sé si cada uno de ustedes en nombre propio, pero la región, el seremi, tiene que ser capaz de hablarle al país. Tienen que existir como región para el país. En las nuevas regiones nuestro eslogan siempre fue "Regiones para Chile", porque no son regiones para sí mismas. Y esta confianza en que la descentralización es una apuesta veraz tiene que jugarse también en este ámbito político-comunicacional.
Cuarto, cumplir las promesas. Cumplir las promesas muchas veces significa no cumplir en cierto modo, porque hay cosas que no podemos hacer o creímos que íbamos a poder hacer y no pudimos, pero otras veces afortunadamente cumplimos, como la reforma previsional, que dejó de ser un tema para la opinión pública porque cumplimos y nadie habla de eso y vaya que era un desafío.
Pero también por ejemplo, como me pasa a mí con los territorios especiales, con el Plan Arauco o los planes Más Trabajo. Aquí hubo una falsa promesa: se llamaron Más Trabajo y la razón de escogerlos fue porque tienen severos problemas de desempleo y el instrumento para actuar es una fuerte inversión. Yo tengo que poner la cara para tratar de corregir la mala promesa y decir que no puedo, con mis instrumentos, bajar la cesantía. Es duro, a veces hay que arreglar el embalaje en la carreta y no es fácil.
Además tenemos una ciudadanía demandante, exigente, informada. No había estado en el gobierno antes, pero siento que nunca había sido tan necesario explicar y volver a explicar el proceso de inversión como ahora. Cuando yo tengo que explicarle a la gente de Arauco por qué la Ruta 160, que es la ruta costera, recién se va a poder empezar a construir el próximo año, si bien es una promesa de cuando llegamos, hay que tener harta paciencia y apelar a mucho argumento, verídico, razonable, sobre el proceso de preinversión y el llamado a propuestas y la propuesta que se cayó y la que se volvió a levantar. O sea, es duro, pero es fundamental dar la cara y cumplir las promesas. No significa que podamos decir siempre `lo hicimos bien' y topón p'adentro, no. Cumplir la promesa es poner la cara respecto a lo que prometimos y dijimos que íbamos a hacer y decir qué es lo que estamos haciendo y cómo nos está resultando. Eso va generando responsabilidad social compartida.
Quinto, movilizar acuerdos y activar vocerías. Los acuerdos implican sumar gente y dar espacios, que la gente ocupe espacios. Es construir actores o apoyar la existencia de actores, que haya masa crítica regional, que se vea la impronta regional. Para eso tienen que haber vocerías, tienen que haber caras, liderazgos, presencia. Este conjunto de cosas construye política regional, no solo lo técnico, no solo saber muy claramente adonde uno quiere ir, porque si no es ejecución de política pública y yo quiero hacer la distinción entre política regional y política pública. Ese es todo el sentido. En política pública este país afortunadamente tiene una tremenda trayectoria y nosotros mediante el ejercicio del PROPID, del ARI, del PROPIR, podemos decir de la manera más fácil, más administrativa si ustedes quieren, `esta es la política regional', pero con eso escatimamos y con mucho el sentido de la tarea. No es fácil, y como les digo, hay una dimensión intangible y no evaluable además, difícil de evaluar. La única manera de hacer esta tarea es con convicción, creer que esta es la manera de hacerlo.
Finalmente, quiero decirles, muchos de ustedes no tienen por qué compartir el ADN del gobierno de la presidenta Bachelet, porque fueron seleccionados por concurso, pero la mayoría de ustedes lo comparte, esto que yo acabo de decir: juntar distintas dimensiones de la política, dar la cara, cumplir las promesas, ocupar espacios, generar consensos, poner en común un sentido de para donde uno va. El ADN en el sentido y la manera que hemos entendido la descentralización. Y tiene costos. Hay un intangible, porque si nosotros dijéramos `hagamos infraestructura' nos ponemos los tick al tiro, pero no somos ministros de Obras Públicas, lo que queremos hacer es ser agentes de la fuerza en las regiones, de las propuestas de las regiones, de las capacidades de las regiones. Eso, todo eso, se llama política regional.
21 de julio de 2008.
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